PAGINA EN CONSTRUCCIÓN...

PUNTADA CON HILO, COMUNICACIÓN DE MUJERES, fue un periódico en papel que circuló en los años '90. Nos definimos feministas y "con perspectiva de clase".

Salíamos mensualmente en todo chile, también llegábamos a otros países latinoamericanos. A organizaciones de base, tanto de mujeres como mixtas, llegábamos sin costo alguno o hacíamos un trato: una sola suscripción a cambio de varios ejemplares cada mes. Las ONGs e instituciones en cambio debían pagar sus suscripciones completas.

PUNTADA CON HILO se destacaba por un lenguaje directo, cercano, claro y por manejar como sus fuentes primarias los testimonios de las propias mujeres, sus experiencias, sus formas de evaluar los acontecimientos políticos y sociales, sus denuncias, sus ideas y elaboraciones políticas y culturales. Las "autoridades" en diversas materias, no pasaban de ser un apoyo secundario -tal como las estadísticas e informes oficiales-.

Denunciamos la falsedad de la llamada "vuelta a la democracia", las manipulaciones de los partidos políticos, rechazamos la instrumentalización de la lucha popular que hicieron -y hacen- la mayoría de las ONGs e instituciones -con honrosas excepciones-. Destacamos el feminismo popular, la mirada de clase y nos esforzamos por no caer en la sobreideología que daña -desde nuestra perspectiva- las luchas sociales. Hablamos mucho desde lo íntimo y desde los procesos que hacemos las mujeres en lo personal que es lo que realmente -estamos seguras- construye lo político cuando hay organización.

jueves, 12 de abril de 2018

"L@S VIOLENT@S DEBEN REPARAR SUS VIOLENCIAS”


“Acosos y violencias políticas de parte de voceras del Feminismo Comunitario” a integrantes del Feminismo Comunitario Antipatriarcal
X FCA. feminismo comunitario antipatriarcal
Después de varios días de hacer pública la ruptura del feminismo comunitario y anunciar un posicionamiento político desde el Feminismo Comunitario Antipatriarcal, debo indicar que he sido víctima de una serie de acosos y violencias políticas en las redes indicando malos manejos económicos... Aquí debo reafirmarme de una publicación mía en la página que hace tal denuncia... La orgánica del feminismo comunitario jamás me dio un solo centavo para administrar y es importante visibilizar que esta campaña de desprestigio está destinada a deslegitimar mi palabra por una denuncia pública sobre la violencia de Julieta Paredes a la interna del Feminismo Comunitario... misma que hoy, además de complicidades, distribuyó su ejercicio de violencia y acoso en sus voceras Ericucha E Enriquez (México), Carolina Pinilla Migrante, Virginia Toro (Chile) y Julieta Paredes (Bolivia).

Declaro mi lucha inclaudicable en contra de la violencia hacia las mujeres y nuevamente ratifico con vehemencia: NADA JUSTIFICA LA VIOLENCIA!!! L@s Violent@s deben reparar sus violencias... Este no es un tema administrativo... es un tema político.
Desde este territorio visibilizo que a este accionar las mujeres le hemos llamado VIOLENCIA Y ACOSO POLÍTICO Exijo al feminismo comunitario coherencia ética!!!

Estos últimos días se ha profundizado el acoso y la persecución hacia nosotras: Jimena Tejerina, Adriana Guzmán Y Diana Guzmán por parte de Julieta Paredes hoy “Directora de Industrias Culturales” en el Ministerio de Cultura. La misma se ha traducido en buscar por todos los medios que no se publique un artículo que escribió Adriana, y en la difusión de un comunicado de dudosa procedencia en el cual nos señalan de deudoras... Este comunicado ya salió cuando la señora Julieta Paredes daba una gira de popularidad en Europa junto a sus compañeras que decidieron hacerse cómplices de la violencia que vivimos (siendo autoridad)... yo desmentí en su oportunidad en la página que salió el mismo, página de la que me bloquearon inmediatamente y borraron mis publicaciones negando mi legítimo derecho a réplica cuando se me acusa de no haber realizado una rendición de cuentas... Tratando de reducir un delito a un desentendimiento en cuestión de platas. ¡¡¡No debo dinero!!! Hoy hay una denuncia penal en curso con fiscal ya designada.

Esperamos que todo este aparataje de acoso que se ha profundizado este último tiempo utilizando a compañeras (esperemos por desinformación y no posicionadas a lado de la violenta), no se constituya en acciones orientadas a evadir la ley. Lamentamos que se profundice el acoso, lamentamos que personas utilicen su cargo para profundizar su ejercicio de poder en favor de sus apetitos personales. Hemos luchado en el proceso de cambio y lo seguiremos haciendo porque también soñamos con un vivir bien para nosotras, pero un vivir bien sin violencias... 

¡POR UNA LUCHA QUE DESENCUBRA LAS VIOLENCIAS! Jimena Tejerina



VIOLENCIA INSTITUCIONAL, COLONIAL, LIBERAL, CONTRA LAS MUJERES (COTIDIANA, MASIVA Y PERSONAL)



Un largo tour…?[1]
X victoria aldunate, lesbofeminista, terapeuta y escritora/El Desconcierto
¿”No eres feliz, autónoma y empoderada”? ¿”No entiendes el amor entre mujeres y la sororidad”? “Hazte ver. Quizás un taller de empoderamiento y género te sirva”…

¿Y qué es ser mujer?, pregunto. La mujer de unos 50 años se queda en silencio frente a mí y luego de un par de minutos, llora. La segunda vez que hablamos de ello, responde: Perderlo todo y que la usen a una todo el tiempo y toda la gente.

En una conversación con una joven de 25 años que ha estado en varias relaciones de agresión de parte de sus parejas –arriesgadamente- afirmé: Pero no todos los hombres son violentos…. Ella respondió categórica: “No sé, yo no conozco a ninguno”. Esa vez yo me quedé enmudecida.
En una tercera conversación con la mujer más adulta, ella explica: No sé cómo ser feliz, fue tanto el dolor, tantos años… la primera vez que me emborraché con pisco fue a los 15, lo hice para aguantar lo que los hombres me hacían, luego seguí consumiendo para morirme, ahora tengo deseos de consumo para olvidarme de todo.

(Son todas mujeres “en calle”, como se nombra hoy por hoy a la pobreza extrema).
El colonizador –o colonizadora-, de forma omnipotente piensa que conoce aquello que ve[2]. Es decir, cree que entiende lo que está mirando y lo enjuicia en su lenguaje y códigos. Por ejemplo informa: “Mujer dependiente con trastorno de personalidad limítrofe”. O explica: “Su problema es el consumo y no la violencia”, y ese argumento sirve para excluirla de una Casa de Acogida de SERNAMEG[3]. Lo más importante aquí, es que le ahorra un cupo al Estado. El colonizador puede partir en dos a la mujer, con tal de que calce en sus teorías prestadas de occidente y, especialmente, en su economía: y entonces afirma que una misma mujer, en realidad, es dos: una, la que consume/otra, la víctima de violencia.

No hay plata para las mujeres en general y menos para las que viven en la calle y tienen consumo de drogas y alcohol. Es que no son mujeres, importan menos que las mujeres –lo que ya es mucho decir-.

¿“Autonomía”?
El estado colonizador que está convencido de que sabe lo que “la otra” no sabe de sí misma, disfraza su falta de ética con discursos. Por ejemplo ese del “empoderamiento”, que ya lo calamos hace rato porque se pesquisa rápido. Es que no disimula siquiera que cree que debe “enseñarle” a “la otra” el “poder” (“empoderarla”).

Pero hay otros discursos perversos, que recién elabora, y la sospecha nos coloca en guardia (una sabe más por vieja bruja, que por otra cosa).

Desarrollan sus power point y aparece la palabra mágica “autonomía”. Y ahí viene el combo, porque en realidad la violencia contra las mujeres tiene que ver con “su falta de autonomía”.
Hay que oír con atención y pérfida sospecha, para saber lo que están diciendo. Y es que adoptaron el concepto “autonomía” –ese que fue tan valioso para nosotras hace una década-, para su propio beneficio y el del bolsillo de los enriquecidos a los que sirven.

La canción dice más o menos así…
- La institución respeta la autonomía de la mujer.
- Y ¿qué sería eso…?.
- Que ella asuma su individualidad ciudadana y cuide su vida…

Ya apareció -oiga usted- la combinación “individua-ciudadana”. Pero hay más, también está la “inclusión- integración”. Por ejemplo: “Integrar urgente a una mujer -de cerca de 60 años que ha estado 20 “en calle”- y ha pasado por muchas instituciones que le han entregado sus servicios sociales auspiciados por el estado… ¡y ya está bueno que se integre!…”.

- ¿Se integre? ¿A dónde? ¿Cómo?
- “Qué trabaje”.
- ¿Ya?...
- ¡En call center, vendiendo sanguches o chiclés o algo! Para que no siga aprovechándose de las instituciones con su uso funcional, utilitario. ¡Que desarrolle autonomía!

El estado se cansa de dar teta. Y de haber ninguneado a la gente y a las mujeres, de haberlas menoscabado hasta el punto de la anulación, de haberlas hecho más dependientes que antes para mostrarse como el padre bueno y protector, ahora comienza a reclamarles “autonomía”. “Autonomía” de la misma gente a la que borró de su mapa y memoria.

No son mujeres
Una mujer que habita la calle no está precisamente cuidando su vida. Tampoco es ciudadana. Está borrada tanto de la Ciudadanía empobrecida que reclama –apenas- educación y pensión, como de la Ciudadanía partidaria en su salsa congresista.

Lo que sí, neoliberalmente hablando, es una “individua”, y entonces le cabe la responsabilidad de su propia vida a ella solita. Convenientemente, su “responsabilidad social” es “individual”.
Así, sin comunidad ni ética, ¿Por qué el estado gastaría plata en casas comunales para mujeres? ¿Si ni siquiera lo hace en hospederías y albergues y cuando hay esas instancias, por 30 cupos para hombres tienen 6 para mujeres?

De hecho, ellas importan menos que un hombre en la misma condición: Abandonaron la sagrada familia, lo doméstico, los cuidados; dejaron de ser madres o nunca parieron; se quitaron un marido de encima o jamás lo tuvieron. No son esposas. No hacen el Trabajo Reproductivo que entrega buena parte del producto interno bruto (PIB) al país chileno en donde el 1 % de la población concentra la riqueza.

No son mujeres disponibles socialmente por ende están por su cuenta y riesgo = Autónomas.
Pero como una mujer es una mujer, hombres de su misma condición o no, la obligarán a estar “disponible” para ellos. A cambio de droga, a cambio de espacio donde dormir o a cambio de nada, solamente por mujer.
Rucos y mujeres

“Dos tipos me dejaron entrar a su ruco, yo tenía dos lucas solamente, pero quería más, entonces uno me bajó el pantalón y me violó, se turnaron, y me dieron otro pa’ fumar, y ya no recuerdo más…”.
“No duermo porque no quiero, porque en la calle usted sabe lo que le pasa a una, sea vieja o joven, a todas les pasa”.

“Es que usted no me entiende, yo no soy mujer, soy maricona. Por eso muchas veces he tenido que pegarle a varios tipos, porque lo que me hacen ellos, no está bien”…
Violencia cotidiana, masiva y personal

Y es que “si no puedes adaptarte satisfactoriamente a la vida, es tu problema, quizás un profesional pueda ayudarte, no trates de cambiar el mundo, mejor libera tu mente. El presupuesto es la ideología individualista, si no puedes hacer algo… es por una falla personal… problemas psicológicos que impiden ser felices, adaptadas y efectivas… La ideología individualista aísla a la gente y arroja la culpa de inadaptación y fracaso sobre el individuo”, explicaba la feminista radical Diana Desmore[4] en los años ’70 del siglo XX, y no ha cambiado, ha recrudecido.

La violencia contra las mujeres y las niñas, la violencia moral contra las mujeres mayores, es cotidiana masiva y personal, el feminicidio es un delito instantáneo, de acción pública, de daño material y que se puede cometer por acción u omisión[5].

Pero en Chile la violencia contra las mujeres no es problema público, sino solamente “familiar” y también por eso, porque ellas no tienen familias, las mujeres que viven en la calle no son “sujetos” de violencia intrafamiliar para las leyes del estado chileno.

Eso sí, dicen que en este CENSO, están contabilizando a hombres y mujeres “en calle”… Pero justamente el día anterior a dicho CENSO, un migrante peruano que vive en la calle, nos cuenta: “Esta noche no hay ruco. Los de la municipalidad estaban retirándolos… dicen que es por el censo”… Debe haber sido un largo tour para los encargados de limpiar el país de rucos; por todas las líneas de tren, puentes, postas, hospitales, sitios baldíos, basurales y demás puntos similares, en todo el territorio. Y es que un ruco –así le llama la gente que vive en la calle y los construye- es una vivienda hecha con cartones latas, sillones y otras especies sacadas de la basura. Los instalan para dormir, consumir y guarecerse del frío, y Chile –este país occidental, civilizado y desarrollado- está lleno de eso… Si no los ha visto, es porque son invisibles al ojo colonizado de la chilenidad.

[1] “En Un Largo Tour”. Canción de Sol y Lluvia que inicia “A esta hora justamente a esta hora/Que tu cerebro empieza a cabecear/Con la última telenovela/Quisiera sacarte a caminar En un largo tour Por Pudahuel y la Bandera/Por Pudahuel y por la Legua/Y verías la vida tal como es/A esta hora justamente a esta hora/ En que comienzas a mirar tv/Mentiras por minuto…

[2] Joane Nestle, lesbiana feminista, artículo “¿Existe una sexualidad feminista?” en Revista “Nosotras que nos queremos tanto” del colectivo feministas lesbianas de Madrid N° 6 Febrero 1988.

[3] Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género, que actualmente tiene nivel de Ministerio.
[4] Diana Desmore, “La Independencia de la Revolución Sexual”. http://feminismosenlapuntadconhilo.blogspot.cl/2012_09_01_archive.html
[5] “EL FEMICIDIO INTIMO EN LA CIUDAD DE LA PLATA- AÑO 1997-2001, Susana Mariel Cisneros.

DESDE CHIAPAS SOBRE RUPTURA DEL FEMINISMO COMUNITARIO (FEMINISMO COMUNITARIO AUTÓNOMO)




El Feminismo Comunitario en Bolivia ha sufrido una ruptura que nos ha tocado a todas, después de sentipensar hemos llegado al siguiente corazonar que queremos compartirles:

Nosotras, como mujeres situadas geopolíticamente en Chiapas, México, con voz y cuerpo feminista sentimos la herida de la fractura en el Feminismo Comunitario al cual nosotras abrazamos después de un taller realizado por Julieta Paredes en San Cristóbal de las Casas en Octubre 2016. Somos mujeres de diversas edades, con formaciones distintas y caminares diversos que se juntaron en el camino del Feminismo Comunitario. A pesar de que nos constituímos como Tejido de Feminismo Comunitario, no fuimos reconocidas, acompañadas o involucradas dentro de la orgánica y se nos negó la información sobre la problemática que se sucitaba dentro de los tejidos con el pretexto de “cuidarnos y protegernos”. Queremos dejar claro que somos mujeres provenientes de distintas luchas y caminares con el suficiente criterio para aportar, reflexionar y acompañar sobre el conflicto. La información nos llegó de manera externa a la orgánica y consideramos que no es información privada ni clandestina sino que es una situación que nos convoca a todas a involucrarnos y posicionarnos. A partir de las cartas y comunicados que se escribieron entre Adriana, Ximena y la orgánica tejemos nuestra palabra y compartimos nuestros sentipensar.

Nos dolemos con el dolor de las compañeras agredidas, nos solidarizamos y extendemos nuestra palabra con afecto y nos posicionamos: -Ante la violencia física y simbólica venga de quien venga -Ante el silencio cómplice de la violencia que se refleja en los comunicados firmados por los distintos tejidos que forman la orgánica. -Lo personal es político y por lo tanto creemos que los tejidos tenían que haber acudido al llamado de acompañamiento de las compañeras y no reducirlo al ámbito privado y personal de la relación entre Adriana y Julieta, asumiendo una práctica de silenciamiento del conflicto. -Nos oponemos a la violencia que implica la privatización y centralización del movimiento. -Ante la acumulación de poder dentro de las organizaciones y luchas políticas cuyas prácticas se direccionan a la acumulación de capital político y no hacia un horizonte de transformación que es hacia donde pretendemos caminar. No somos capital político de nadie. Nos convocamos a repensar DESDE DONDE ESTAMOS AMANDO; a no traicionarnos a nosotras mismas en nuestras luchas; a asumir una responsabilidad individual y colectiva que atraviese profundamente nuestros cuerpos y mentes y se base en un compromiso ético y político; a asumir una práctica de autocuidado y cuidado que nos invite a vivir la experiencia de la otra y a construir mecanismos de reparación y justicia propios de las luchas. Tomamos un posicionamiento geo corpo político acerca de nuestro caminar AUTÓNOMO debido a la ruptura del feminismo comunitario: abrazamos y reafirmamos nuestro compromiso de existencia con la comunidad y para ella, el cuidado de la Madre Tierra como parte de nuestras cuerpas, nos sumaremos a las campañas y acciones de denuncia de este sistema colonialista, capitalista y patriarcal en todos los frentes y geografías. Seguiremos compartiendo la palabra del feminismo comunitario, antipatriarcal y decolonial, porque no es una franquicia exclusiva.

Entendemos esta lucha como lo que es, por la vida, y nos negamos a dejar de caminar llevando el feminismo comunitario en nuestra lucha, sin embargo no vamos a caminar de la mano del silencio y de la violencia patriarcal, no seremos cómplices de nadie se nombre como se nombre. Seguiremos el camino de despatriarcalización de nuestros cuerpos y cuerpos colectivos. Estamos aquí en Chiapas con el oído y el corazón atento. Sean bienvenidas TODAS siempre a nuestro territorio a sentipensar/corazonar/caminar/tejernos juntas con el respeto que nos merecemos todas y el AMOR por la vida que nos convoca.

San Cristóbal de las Casas, Chiapas, abril 2017. Feminismo Comunitario Autónomo Chiapas


“NO HEMOS DESARROLLADO METODOLOGÍAS FEMINISTAS DE DESPATRIARCALIZACIÓN INTERNA TANTO PSÍQUICA COMO EMOCIONAL...” (YAN MARÍA)



CARTA A ADRIANA Y JIMENA DEL FEMINISMO COMUNITARIO DE BOLIVIA
X Yan María Yaoyólotl C./Enviada X Feministas Comunitarias Antipatriarcales y Yan María Yaoyolotl
Tenochtitlan, México, 30 de marzo 2017
Respecto a la carta que publicaron en redes sociales el 23 de marzo deseo manifestarles mi solidaridad, ya que no podemos permitir que ningún ser humano violente a otro y menos una mujer a otra.

Respecto a la situación que plantean, debido a que aún no cuento con lugar para vivir, ni internet y estoy participando en la reunión nacional del frente feminista, les envío solamente un resumen apresurado de mi posición política al respecto ya que es inadmisible el silencio de cualquier feminista, como si nada estuviera pasando, lo cual es precisamente patriarcal.
Recordemos que la violencia del esposo contra la esposa y de los familiares y parientes contra sus integrantes mujeres permaneció en el silencio durante alrededor de cinco mil años hasta que el movimiento feminista (de los 70) la sacó a la luz pública. Hasta entonces, la humanidad “se enteró” que existía violencia en la relación conyugal, dentro del hogar y en el entorno parental hacia las mujeres, descubriendo que en estos ámbitos también se establecían relaciones de explotación y dominación, es decir, de poder y que, por tanto eran ámbitos políticos y no privados, de ahí el slogan feminista: lo personal es político. De igual manera, dicho feminismo descubrió que existía violencia contra las mujeres en los ámbitos de la lucha social sindical, obrera, de izquierda, de clase, partidaria, campesina, jornalera, indígena, racial, guerrillera, político-militar, etc. por parte de los propios compañeros que luchaban contra determinados opresores

 
ENCUENTRO EN LAGA, 10 Y 11 DE DICIEMBRE 2011 (foto: archivo victoria aldunate)

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Asimismo, dicho feminismo expuso las enormes dificultades, primero, para reconocer la violencia; segundo, para denunciarla y tercero, para lograr justicia. Pero en relación a la violencia dentro de las propias organizaciones de la lucha social resultó aún más complicado, porque los integrantes no la reconocen o impiden se denuncie exigiendo se mantenga el conflicto al interior de la esfera grupal -como sucede en la esfera doméstica- y acusan a las denunciantes como traidoras a la organización o movimiento. Y todavía más difícil, denunciar a líderes y dirigentes que encabezan dichas luchas sociales porque se supone son una guía y autoridad en el combate contra los opresores por lo que son venerados e intocables, considerando a las denunciantes “traidoras” a la organización o movimiento.

Dicha violencia sucede porque llevamos internalizado al patriarcado dentro de nosotras y nosotros mismos -lo que Marx llamaba: ideología y la necesidad de una conciencia de clase-. El patriarcado no se reduce solamente a un sistema económico, político, social y cultural externo que nos oprime desde fuera, lo más grave y peligroso es que éste se inocula e infiltra dentro de nosotras y nosotros mismos desde la gestación e infancia -como un virus en el cuerpo- y si no trabajamos la despatriarcalización permanente lo reproducimos constantemente a lo largo de nuestra vida y dentro de nuestras organizaciones.

El problema es que las organizaciones y movimientos de la lucha social no hemos desarrollado las metodologías feministas de despatriarcalización interna tanto psíquica, emocional, mental, cultural como espiritual, es decir, la revolución externa-interna que proponía el feminismo radical (FR) de los 70s. Y esto es entendible porque la lucha social es tremendamente dura y desgastante, sobre todo para las mujeres, además de sufrir la represión sistemática del Estado. Y el combate a la patriarcalización interna requiere de muchísima conciencia, tiempo y dedicación, además de que las luchas sociales aún no han retomado al feminismo como parte de sus programas de lucha.
Una lucha social que es exterior únicamente, es patriarcal. Porque no considera lo interno, deja fuera la otra mitad de la lucha, la individual, personal, privada, e íntima y ambas se tienen que dar sincrónicamente, al mismo tiempo, ni una primero ni otra después. Revolución interna y externa, es la perspectiva del feminismo verdaderamente revolucionario.

ENCUENTRO EN LAGA, 10 Y 11 DE DICIEMBRE 2011 (foto: archivo victoria aldunate)


El caso Julieta.
Como parte del feminismo comunitario en México en varias ocasiones insistí a Julieta Paredes la importancia de trabajar ese nivel interno en las colectivas. De hecho, le explicaba que la ritualística espiritual-política que realizo antes del inicio de cada trabajo político tiene ese objetivo, el trabajo interno para ir desmontando la maquinaria psíquica y mental patriarcal que el sistema patriarcal ha instalado dentro de nosotras mismas y al interior de nuestras organizaciones de lucha social, pero creo nunca vio dicha importancia. Julieta hizo lo que los hombres hacen sistemáticamente a las mujeres y eso es antifeminista.

Pienso que a Julieta le ha faltado ese trabajo interior… pero, también, queridas compañeras Adriana y Jimena, a la comunidad que ustedes han formado. Trabajo que el feminismo empezó a realizar en los 70s y se olvidó con la imposición del generismo (perspectiva de género). Cuando una persona, colectivo, comunidad, organización, partido, movimiento, guerrilla, gobierno popular o revolucionario, etc. no realizamos este trabajo interno de despatriarcalización -mental, emocional, psíquico, sexual, simbólico, espiritual- corremos el peligro de reproducir y caer en conductas patriarcales: imposición de ideas o metodologías, abuso de autoridad, sometimiento de los demás, control de la vida de los participantes, agresiones y violencia; así como utilización de los movimientos sociales para beneficio propio, oportunismo, desviación de las luchas sociales, hasta corrupción, engaño, demagogia, traición, etc. creando tiranos o dictadores (caso Stalin).

De ninguna manera pretendo estar exenta, también yo he caído en algunas prácticas impositivas a lo largo de mi militancia social y política precisamente cuando he dejado de lado dicho trabajo personal interno. Por eso mismo llegué a la conclusión de que este trabajo debe ser constante y permanente porque en cualquier momento pueden salir a flote nuestras miserias humanas -o monstruos- dañando 
a nuestras compañeras y hermanas de lucha.

Creo que Julieta debe asumir su responsabilidad en diversos actos de violencia hacia mujeres de los que varias se han quejado o denunciado aunque no haya sido público, actos que le señalé la última vez que hablamos en México en casa de Eri y negó categóricamente. Así como mi oposición determinante a vincular alcohol y lucha social, ya que la lucha social es sagrada jamás debe relacionarse con alcohol, drogas o sexo -sexo entre las integrantes-, lo cual percibió coartante de la libertad personal y represivo. Estas respuestas suyas fueron unas de las razones por las cuales me alejé del feminismo comunitario en México.

Desde mi análisis político, ello se debe a que Julieta se ha mantenido en una postura política “homosexual” y no “lesbiana”, porque aún no ha entendido que precisamente el lesbianismo surgió y se conformó dentro del feminismo como una propuesta contra las actitudes patriarcales, machistas y misóginas de las mujeres homosexuales o gays, una de cuyas características era la violencia entre ellas. Y precisamente la diferencia entre “las homosexuales” y “las lesbianas” radica en que las primeras se comportan como hombres o quieren ser como hombres y, por el contrario, las segundas se aceptan como mujeres pero re-definidas por ellas mismas y no por el patriarcado bajo un proceso constante de auto-despatriarcalización o deconstrucción del patriarcado internalizado (feminismo radical (FR) de los 70s. Ver: Adrianne Rich, Sheila Jeffreys entre otras).

Este hecho no es algo excepcional. Se presenta en muchos espacios de mujeres ongs, fundaciones, institutos de las mujeres, comisiones de género, secretarias de la mujer, áreas de género de universidades, partidos, gobiernos y organismos internacionales pero se le esconde y oculta para mantener una cara políticamente correcta. O en negocios supuestamente “feministas” como, en México, el caso no resuelto de violencia hacia las mujeres en el bar-restaurante Punto Gozadera y su banda musical Vulbatucada. Además de muchos casos de “mujeres empoderadas” que han ejercido y ejercen formas de sometimiento, servidumbre, vasallaje y maltrato a otras pero los mantienen acallados por ser institucionales.

Además, sería totalmente inadmisible que el generismo (perspectiva de género) y el queerismo (ideología queer o trans) utilizaran este caso de manera racista, clasista, misógina o lesbofóbica para atacar posturas políticas de sectores sociales especialmente vulnerabilizados por el patriarcado -del cual ellas (os) también forman parte-. Ni tampoco que la derecha feminista reaccionaria lo utilizara para atacar al gobierno de Evo Morales que a pesar de todas las carencias, errores, desviaciones y defectos no puede compararse con los devastadores gobiernos pro-imperialistas de extrema derecha profundamente clasistas, racistas, misóginos y hasta de corte fascista como por ejemplo el actual gobierno mexicano de Peña Nieto. La revolución es internacional o no es revolución, cualquier cambio local será cooptado o aplastado por el capitalimperialismo.

Creo que lo más importante de esta enseñanza (conflicto) es salvar al Feminismo Comunitario (FC) como proyecto político, propuesta social emancipadora y el tejido de relaciones internacionales que ha construido, este impasse no debe destruirlo sino reforzarlo pero realizando una autocrítica. Así como brindar apoyo y acompañamiento a las compañeras agredidas y dar la oportunidad de que Julieta se rehabilite

Sin embargo, debido a la gravedad del hecho, sería muy importante que Julieta Paredes reconociera su conducta patriarcal y renunciara públicamente al FC, hasta que haya trabajado su conducta patriarcal, con el fin de no arrastrar al FC al desprestigio político y permitir que las compañeras agredidas, no agredidas y la orgánica internacional continúen trabajando.
Además, paralelamente, sería importante que el feminismo comunitario (FC) en México y otros países que se ha ido tejiendo en torno a la propuesta de Julieta y Adriana se pronuncien al respecto y no escondan el problema bajo tierra ya que generaría desconfianza en su propio proyecto político, como sucedió con Punto gozadera en México.


ENCUENTRO EN LAGA, 10 Y 11 DE DICIEMBRE 2011 (foto: archivo victoria aldunate)

Respecto a su iniciativa de un feminismo comunitario antipatriarcal (FCA) es buena si realmente se basa en la despatriarcalización interna además de la externa.
Les informo que esta carta la haré llegar a Julieta misma y a las compañeras que me han informado por correo (porque no tengo feice ni tuiter) recibieron la carta que ustedes enviaron.

Un abrazo sororal, combativo y revolucionario.
Por feminismo eco-etno-comunista-bodhisatva o barbarie.


ConSideraCioNes sObRe la rUptuRa del FeMiniSmO ComUnitario



Sobre la Ruptura del Feminismo Comunitario
X FEMINISTAS CALLEJERAS/5 DE ABRIL DE 2017 /Página facebook de feministas callejeras/Enviado X feministas callejeras
El comunicado donde las hoy autodenominadas “feministas comunitarias anti-patriarcales” (FCA), anuncian la ruptura con la orgánica del Feminismo Comunitario (FC), denunciando ante la opinión pública, la violencia física, sexual y hasta intento de feminicidio, por parte de Julieta Paredes, fundadora e integrante de su colectivo, son indudablemente graves , por eso unimos nuestras voces a muchas compañeras y colectivos, que rechazan estas formas violentas dentro de toda organización y relación intima.

Sin embargo, esta ruptura de las integrantes del feminismo comunitario, se debe a razones personales y está lejos de significar un quiebre con el planteamiento político de esta organización, que durante estos años se convirtió en el feminismo oficialista del gobierno. En la carta presentada por las FCA, notamos una ausencia total y auto-crítica acerca de su relación política con el gobierno del MAS, un gobierno que se caracteriza por conservar las estructuras patriarcales, capitalistas y coloniales.
En ese sentido, si bien afirmamos como muchas feministas de que “lo personal es político”, este planteamiento no puede entenderse o quedarse dentro de un plano íntimo, es decir, es contradictorio que se cuestione solo el caudillismo de Julieta paredes, pero apoyen de forma incondicional la re-elección de Evo Morales.

El feminismo Comunitario, es una propuesta que ha alcanzado gran aceptación a nivel latinoamericano incluso mundial, con los viajes contaste de sus integrantes a diferentes lugares, según parece lograron incluso una coordinadora internacional, así que estamos hablando de uno de los feminismos más influyentes de Latinoamérica, que emerge desde Bolivia, por eso es fundamental ver sus planteamientos elaborados durante 10 años.

Julieta Paredes, junto a sus compañeras construyen una “propuesta teórico-práctica y socio-política”, bajo la lógica de recuperar la comunidad (entendida como cualquier comunidad urbana rural religiosa, deportiva, cultural, política, de lucha, territoriales, educativas, de tiempo libre, de amistad, de barrio, generacionales, sexuales, agrícolas, escolares, etcétera, donde es susceptible de hacer y construir comunidad), por eso para ellas el F.C.:

” Parte de la base de no enfrentar ni construir desde los derechos individuales, sino colectivos; desde esa comunidad que es lugar de identidad común, de memoria ancestral, de coyuntura particular y que compara con un cuerpo que tiene su parte hombre, su parte mujer y su parte transgénero. – el sistema patriarcal vuelve, ha sido porque no se ha tenido en cuenta a la mitad de cada pueblo que somos las mujeres.” 


El feminismo comunitario, parece un feminismo posicionado desde el posmodernismo, el cual se centra en el tema de la identidad cultural y no menciona absolutamente un análisis clasista, muchos menos considera si existe o no, una lucha de clases, pero promueve la construcción de “la comunidad de comunidades”, supuestamente a construirse con los sectores populares, e indígenas y desde las calles:

“El feminismo comunitario se construye desde las calles, no desde los partidos, porque, según Julieta, “no vamos a dejar nuestros sueños en manos de ningún político”.

Contrariamente a estas afirmaciones, (que recuerdan una corriente del feminismo anarquista), el Feminismo Comunitario en año 2015 ya articulaba con el gobierno del Mas, quien le habría abierto las puertas a diferentes espacios para trabajar con estas bases de este partido y se puede pensar también latinoamericano, según acuerdos entre partidos afines.

Suponemos que por estos contactos y trabajo con la base de los movimientos afines al MAS, prefirieron callar frente al tema del Tipnis y los golpes y encarcelamiento de mujeres en Chaparina en el año 2011, también su desmedida afirmación de que un motín de policías, llevaría a un “golpe al proceso de cambio”, (http://www.fedaeps.org/spip.php?article358), y la defensa ciega de Julieta Paredes del machismo de Evo Morales, expresado en las coplas, http://www.la-razon.com/index.php_url=/opinion/columnistas/indio_0_1570043030.html, en todos estos casos sus compañeras, hoy FCA, guardaron la línea del grupo, ni siquiera llamaron a la reflexión, apoyando también la re-elección de Evo Morales.

Son innumerables las referencias que se pueden hacer sobre la relaciones del FC con el gobierno del MAS, que hace poco termino dando a Julieta Paredes un cargo de directora de industrias culturales, hecho que tampoco cuestionan las FCA al gobierno, a esta altura queda claro el apoyo incondicional, absoluto y acrítico de las compañeras del FC y FCA con este gobierno.
Según se vio, después de más de 10 años de nacimiento el FC., no tiene una reflexión y denuncia sobre los Estados capitalistas, patriarcales, burgueses, como el de Evo Morales, en los cuales pretende llevar adelante la “comunidad de comunidades”, vale preguntar ¿estas comunidades, no quedan atravesadas por estas estructuras económicas, sociales, políticas que detenta un Estado?, esta prácticas políticas como el FC ¿no terminan apoyando el saqueo, entreguismo, la propiedad privada trans-nacional?, ¿Cuál realmente el papel que juega un feminismo que invisibiliza estas estructuras clasistas y no reflexiona, ni denuncia esto?.

Consideramos que fruto de esta ausente reflexión, resultan sus propuestas de manejo interno de la violencia. Según su denuncia virtual, el intento de feminicidio de Julieta Paredes contra su pareja y compañeras de grupo, aconteció hace meses atrás, pero se evitó ponerla ante las autoridades, porque orgánicamente las conminaron a un manejo interno del mismo, hecho que fracaso, porque Julieta continuaba con agresiones, hasta que tuvo que derivar en una denuncia a través de FACEBOOK.
Frente a esto, es válido preguntar ¿si estas formas internas de manejo de la violencia, terminan siendo otros mecanismos de encubrimiento patriarcal y machista?, bajo los típicos discursos como “ no denunciar por el buen nombre del colectivo”, entonces parecería que las mujeres se organizan para supuestamente salir del lugar violento, y sin embargo, como vemos ,se vuelve o se construye uno espacio igual de violento con muchas mujeres, entonces 10 años de hacer feminismo habrían pasado en vano.

Finalmente, si las FCA, han decidido continuar apoyando un gobierno que defiende la propiedad privada en tantas leyes y políticas públicas, como en otro ámbito Julieta Paredes lo hace al defender como solo suya la propiedad intelectual de libros construidos colectivamente e incluso como todo macho, llega a creer que su ex pareja le pertenece.
Es oportuno que por lo menos, las FCA sean consecuentes y lleven su denuncia hacia instancias legales, ya que ellas mismas afirman que hubo avances para nosotras las mujeres, y enfrenten bajo estas leyes este acto de violencia, y muestren con sus actos que realmente NADA JUSTIFICA LA VIOLENCIA, como ahora lo afirman.

Feministas Callejeras


“...HEMOS SUFRIDO VIOLENCIA FÍSICA Y PSICOLÓGICA...”


“Denuncio, no quiero callar más”
X Diana Guzmán/ Enviado X Diana Guzmán/ 27 de marzo 2017
Yo Diana Vargas denuncio la violencia, no quiero callarme más porque callarme implica hacerme cómplice de un sistema donde él violento o la violenta en este caso tienen las de ganar sólo porque o es conocida, o la versión de la historia es más creíble en ella que en mí.

Esta denuncia la hice publica el 13 de enero de este año y como consecuencia el 17 de enero la “orgánica del feminismo comunitario” manda un comunicado censurando y pidiendo que me deje de llamar feminista comunitaria, pero sí lleva de gira para dar charlas a la VIOLENTA.

No quiero callarme porque hay casos en los que una muere en el intento, me encuentro denunciando por eso pues temo por la vida de mis compañeras y por la mía. Durante más de un año hemos sufrido violencia física y sobre todo violencia psicológica, yo he sufrido violencia política intentando formar un espacio de debate desde la universidad con las organizaciones sociales. Sí soy joven mujer feminista hija y aymara, no lo sé todo y es por eso que he iniciado mi propio camino y en este camino me reafirmo Feminista Comunitaria Antipatriarcal pues esta lucha es mi fuerza y mi proyecto de vida. La lucha contra la violencia, el machismo y contra el patriarcado hoy no permiten hacerme cómplice. En este mundo hay violencia que se deja pasar, hay dolores que valen más que otros y existen silencios que juegan con la vida. No espero justicia pues sé que hay un sistema que oculta y encubre este tipo de cosas. No espero nada.

DENUNCIO a la señora Julieta Paredes Carvajal por acoso sexual a compañeras cuando esta borracha, denuncio por violencia psicológica en estado de ebriedad, denuncio por intento de feminicidio, denuncio por amedrentar a mi familia, algunos espacios los recicla el patriarcado este no ha sido la excepción y me niego a callarme Denuncio porque no es la primera vez que pasa, soy una más de la larga lista y es mi responsabilidad denunciar.

Nada justifica la violencia, nadie puede decidir qué dolor vale más. A mi parecer una construye un espacio de lucha con esperanza, utopías y confianza, los espacios que construimos las mujeres contra el patriarcado tienen que tener además posicionamiento político pues nos estamos enfrentando al sistema que nos oprime y nos mata cada día, a las “compañeras” que firman el comunicado del 17 de enero del 2017 NO LES PERDONO el haber traicionado mi confianza, mi esperanza y mi proyecto de vida, su complicidad y doble discurso al querer intentar sanar el dolor de Julieta Paredes claramente evidencia su caudillismo, déjenme decirles que ese mundo donde las jóvenes de su organización piden ayuda y ustedes no responden, es cruel, ese mundo donde no pueden dolerse de otra compañera e intentar dolerse por las wawas es individualista y le son funcionales al sistema.
Nadie les dio permiso de decidir sobre mi dolor y mi lucha. Julieta Paredes no puede quedar impune, tiene un doble discurso y lo peor tiene un doble accionar. La palabra es nuestra herramienta de lucha desde nuestra memoria y ella la ha privatizado, las personas le son desechables, la conozco desde pequeña, manipulables y útiles. La violencia si nos callamos, se vuelve miedo.

L@S violentas existen porque dentro de las violentadas existen cómplices.
–Simone de Beauvoir-.


Diana Guzmán



SOLIDARIDAD CON TODAS AQUELLAS QUE DENUNCIAN DESDE ESTE PROCESO TAN LENTO Y DOLOROSO...



PRONUNCIAMIENTO DE LUNAS LESBOFEMINISTAS EN SOLIDARIDAD CON LAS COMPAÑERAS BOLIVIANAS Y CON TODAS AQUELLAS QUE DENUNCIAN VIOLENCIAS DE OTRAS MUJERES Y/O LESBIANAS:
Enviado X Karina Vergara
Desde hace algunos años, en la Abya Yala, mujeres y/o lesbianas que hemos sobrevivido a violencias físicas, sexuales, psicológicas y económicas por parte de otras mujeres -algunas de ellas reconocidas y admiradas políticamente en los feminismos y lesbofeminismos-, estamos comenzado a visibilizar esas violencias.

Es un proceso lento y doloroso. Doloroso para quienes pensamos en las utopías construidas y nos organizamos desde los feminismos y lesbofeminismos, pero, también, y sobre todo es doloroso para quienes hemos tenido que vivir en experiencia propia esas violencias y sus consecuencias.
Desgraciadamente, ante las denuncias, hay una ola de reacciones, incluso de mujeres reconocidas y autonombradas como feministas, que silencian y revictimizan a quien denuncia:

-Hay quienes replican las prácticas patriarcales de la sociedad sin reflexión acusando de mentira, deslegitimando, minimizando la denuncia, haciendo escarnio de la denunciante.

-Hay mujeres heterosexuales, sobre todo, que desde una lesbofobia soterrada, minimizan el conflicto o bien lo atribuyen a una “esencia violenta” de las relaciones lésbicas.

- Al igual que hacen las personas no feministas ante denuncias contra la violencia de varones, se atribuyen intereses secundarios en la denuncia, ignorando y deslegitimando el proceso de injusticia que llevó al momento de no tener más camino que visibilizar lo sucedido. Eso es complicidad concreta con quien agredió y revictimización a quien denuncia.

-Hay aliadas incondicionales de las violentadoras que, por amiguismos, por intereses económicos y políticos o por miedo a ser señaladas en sus propias violencias, protegen y justifican a toda costa a quien ha hecho daño.

-Hay quienes, incluso, construyen elaboradas justificaciones pseudo teóricas sobre por qué es menos grave la violencia ejercida por una mujer sobre otra. Aquí alcanzamos a reconocer que quienes son creadoras de estas justificantes o son agresoras o no son las que han tenido que vivir día a día, a veces durante años, las consecuencias de la violencia que “no es tan grave”.

-Se nos invita a guardar silencio o a arreglar “el conflicto” en privado para no exponer a la violentadora a la justicia de los Estados o a la mirada o a los comentarios del mundo patriarcal, obviando que el mundo patriarcal no está sólo afuera, sino que es el que construye ese mandato de silencio y que ese mismo silenciamiento es el que revictimiza a quien vivió la violencia

-Otras prefieren “no tomar partido”, olvidando que la “neutralidad” es ya una toma de partido que deja sola a quien ha padecido.

Ante ello, desde Lunas Lesbofeministas, afirmamos que esas posturas son antifeministas y antilesbofeministas en tanto que se niegan a mirar que el ejercicio de la violencia no es una reacción incontenible, siempre es una elección.

Así mismo, reconocemos que en algunas de esas conductas protectoras de violentadoras lo que subyace, entre otros elementos, en el miedo a que se rompa la utopía de un espacio feminista posible y seguro entre mujeres.

Sin embargo, desde Lunas, creemos que ninguna utopía vale la pena si significa la injusticia para una sola compañera, si significa ignorar su dolor y su ansiedad, si significa solapamiento e impunidad para quien ha hecho daño.

Sabemos que los espacios seguros, creadores y mágicos construidos entre y por lesbianas y/o mujeres son posibles y son un hecho cotidiano, pero que visibilizar la violencia y buscar modos de enfrentarla en lugar de aliarnos en la ignominia de las violentadoras son el camino hacia que los espacios feministas y lesbofeministas se revitalicen, se fortalezcan y continúen creándose cada día.
Por ello, ante la denuncia en contra de la violencia vivida por Adriana Guzmán, Jimena, Diana y Julia, Feministas Comunitarias Antipatriarcales de Bolivia nosotras, lesbofeministas mexicanas, nos solidarizamos, las acompañamos y en medida de lo que la distancia física permite, las acuerpamos.
Reconocemos que nos alegramos que continúen con vida, pero sabemos que esa vida nunca debió estar en riesgo. Así mismo, agradecemos su valor en la denuncia.

Es un momento difícil para ustedas sin duda, pero no están solas.
Gracias por toda la lucha que significa mantenerse de pie.

¡Chicahua, compañeras!
¡Fuerza!

LUNAS LESBOFEMINISTAS

POSICIONAMIENTO DE COLECTIVAS AUTÓNOMAS FEMINISTAS DE BOLIVIA SOBRE RUPTURA DEL “FEMINISMO COMUNITARIO”



LA VIOLENCIA MATA, NOS QUEREMOS VIVAS POSICIONAMIENTO DE COLECTIVAS AUTÓNOMAS FEMINISTAS DE BOLIVIA, ANTE LA RUPTURA DE LA ORGANIZACIÓN “FEMINISMO COMUNITARIO”
Enviado X Puka Uma y Aymara Llanque
El movimiento de mujeres, de lesbianas, feministas, anti-patriarcales, anti-capitalistas y antirracistas, desde donde muchas de nosotras nos nombramos, nos sentimos indignadas ante la denuncia de las compañeras de la Asamblea del Feminismo Comunitario Anti-patriarcal, compartido el 24 de marzo de 2017, respecto a hechos de violencia propiciados por Julieta Paredes. Son varias compañeras que pasaron por situaciones de violencia ejercidas por Julieta, por eso cuestionamos el feminismo caudillista, practicado y normalizado en Bolivia. Nosotras como colectivas independientes y autónomas no queremos formar parte de estos procesos y espacios donde nuestra voz es ninguneada, invisibilizada y cuestionada por “vacas sagradas”, a nombre de su antigüedad y ego. Somos críticas de las prácticas que se ejercen en estos espacios feministas, por esa razón no queremos ser parte de ninguna de estas organizaciones, creemos en el trabajo colectivo, donde cada una es importante y aporta desde lo que ha vivido. Estas múltiples violencias jamás tendrán justificación, elegimos no nombrar a las víctimas porque no queremos que entren en tela de juicio. Nadie está aquí para evaluarlas, ni pedirles pruebas, menos para dejarlas solas por diferencias políticas e ideológicas. Como espacios autónomos interpelamos a Julieta Paredes por intento de feminicidio, reproductora de la violencia patriarcal, en complicidad con un gobierno que promueve la impunidad, protege a quienes defienden su mal llamado proceso de cambio, y persigue a las voces disidentes. 

Julieta representa a Bolivia en el Comité de Expertas-MESECVI de la Organización de los Estados Americanos (OEA), para “prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres”; también es funcionaria a sueldo del gobierno de Evo Morales, como Directora de Industrias Culturales del Ministerio de Culturas. Denunciamos que en todas estas funciones públicas, Julieta Paredes usufructúa la lucha de las mujeres bolivianas, valiéndose de las reivindicaciones históricas, para construir un proyecto personal, estatal y partidario.

También, a pesar del momento difícil que viven, queremos compartir nuestros cuestionamientos a la Asamblea del Feminismo Comunitario Antipatriarcal, por sostener estructuras de poder estatal y partidario que sostienen al patriarcado y que atentan contra sus vidas, como lo hacen con las mujeres de este territorio. El Estado obra con impunidad en todos los casos socapando a lxs agresorxs, que están en las cúpulas político-partidarias del poder en Bolivia por más de una década. También interpelamos porque las denuncias contra Julieta Paredes sólo tuvieron eco ahora, dejando invisibilizadas a otras compañeras que no pertenecían a esa cúpula de poder. Hacemos esta reflexión porque creemos que es necesario y urgente revisarnos desde todos los ángulos y no callar ningún ejercicio abusivo de poder. Nosotras no queremos quedarnos calladas: denunciamos violencia estructural, sostenida por las instituciones formales como la iglesia, la policía, los juzgados, los ministerios. Denunciamos la violencia que proviene de las comunidades que recreamos, desde donde se legitiman caudillas de este tipo. No existirá movimiento autónomo de mujeres, si seguimos atrapadas en lógicas coloniales y violentas.

Por lo tanto, desconocemos a Julieta Paredes, rechazamos que hable por nosotras, mujeres de Bolivia, así como rechazamos la apropiación ilegítima que hace de nuestras luchas. 

¡POR LA RESISTENCIA AUTÓNOMA DE LAS MUJERES¡ ¡NI UN MINUTO DE SILENCIO, TODA UNA VIDA DE LUCHA!



Firmamos Nosotras: Sara Romay, Karina Vaca, Bea Jurado, Aymara Llanque, Daniela G. Toledo Vásquez, Alejandra Lizárraga, Bethel Nuñez, Roosvelt Zárate, Daniela Troche, Eliana Quiñones, María Eugenia Flores, Rosemary Amils, Pamela Mercado, Shirley Ríos, Lizeth Daniela Troche Guzmán, Marielle Cauthin, Lizette Ayala Aguirre, Elizabeth López, Ruth Bautista, Carla Sotomayor, Violeta Montellano, Knorke Leaf, Romina Apala, Lourdes Gamarra, Silvia Machaca, Zulma Mollo, Kiyomi Nagumo, Carla Sotomayor, Debora Flores, María Angélica Toro, Carola Aranibar Flores, Katherine Olmos Guillén, Fabiola A. Salinas, Auri Torrez Ojeda, Xiomara Durán, Helga Cauthin, Mariela Ribera Dorado, Angélica Becerra Brito, Liliana Campero Caballero, Jessica Peñaloza Cladera, Wendy Molina, Adriana Herbas, Jilka Odalina Guzmán, Isapi Rua, Suzanne Kruyt, Iris Rocabado Molina.
Colectivas de la Aquelarre Subversiva Cuerpa AutónomA, Mujeres Libertarias Imillas, Colectiva Lésbica “la Décima Musa", Colectivo Ch'ixi, Agitadoras Feministas, Almatroste.
Otras colectivas Warmis en Resistencia, Salvajinas, Wiñay Wara, ONAEM, Lesbianas de El Alto, Grupo Lésbico Las Arañas.


MI CARTA, REFLEXIÓN, RELATO... SOBRE “RUPTURAS” “COMUNITARIAS”



Salimos escapando de la violencia en lo íntimo, lo personal y lo público
X victoria aldunate
Debí comprender cuando no vi ningún animalito en esa casona que no era un lugar para mí… Debí comprender cuando la contestadora decía: “Te has comunicado con la comunidad…” y miraba a mi alrededor y no había comunidad alguna… Pero no quise comprender…
Ya en el principio del fin, hice mis cajas de libros y las dejé listas para enviar, yo no tenía plata para ello.

Vendimos todo lo que habíamos comprado, y con eso logramos pasar la frontera por tierra (que los pacos no preguntaran demasiado)… En el bus al pasar el límite, recuerdo que nos abrazamos, antes habíamos discutido como varias veces, de puro estrés y miedo. También recuerdo que unos días antes nos habíamos abrazado en la calle, de noche - ya no recuerdo los nombres de la calles porque los he querido olvidar. Pero habrá sido Mariscal…-. Estaba anocheciendo y la calle especialmente desierta. Nos dijimos: estamos solas acá y tenemos que escapar. Vamos a salir, prometí.
Hablo de mi hija y de mí. Ella había sido detenida en el marco de denuncias que ella y otras hacían al montaje del Estado boliviano y su Gobierno contra jóvenes anarquistas prisioneros políticos en ese tiempo.

Pasé por fiscalías esperando que las jóvenes declararan, y busqué comida vegana –algo muy difícil en La Paz- para llevarle a las chicas detenidas –todas animalistas-. Había hablado con una madre enojada para que comprendiera que su hija había sido detenida injustamente, madre con la que después nos hicimos buenas conocidas (no hubo más tiempo para ser amigas y lo siento).
La noche que nos abrazamos con mi hija en la calle con incertidumbre fue luego de una larga reunión con abogados que me habían recomendado no escribir más mis artículos sobre Bolivia, borrar mi disco duro completo y quemar cualquier ropa que las chicas que habían sido liberadas recién hubiesen usado en la marcha de apoyo a las comunidades del TIPNIS…

Tuve miedo, ya he vivido dictaduras y eso era lo mismo, pero peor: sin Vicaría de la Solidaridad, sin un fuerte Movimiento social que apañara, siendo extranjeras, específicamente “chilenas” por cédula de identidad justo cuando el montaje hacía la relación entre anarquistas chilenos y bolivianos. Otro dato más, no menor, era que los movimientos “progresistas” latinoamericanos le colocaban toda la fianza a Evo –lo siguen haciendo-. ¿Podría ser que nadie en el mundo político de las izquierdas, nos escuchara? Sí podía ser, era, es, fue y sigue siendo.

Y la peor paradoja: Las feministas de La Paz del “Feminismo Comunitario”, nos habían dado vuelta la espalda desde lo íntimo a lo público.

En lo íntimo, Julieta Paredes que hasta ese momento –disque- hacía pareja conmigo, cuando le encaré la detención de mi hija y otras dos jóvenes por su gobierno, dijo: “¡Y quién mandó a tu changa a meterse en eso!”, revelando por fin todo el desprecio que le tenía. Es que la mujer adulta que es –descubrí con el tiempo- no tolera a las jóvenes contestatarias… imagino que envidia –a falta de juventud propia- a las jóvenes fuertes, plantadas en sus pies, que confrontan y debaten. 

Mi hija, de sólo 18 años entonces -que a los 15 alguna vez la había admirado, una adolescente a la que Julieta había manipulado en el pasado para que yo no la abandonara luego de las primeras agresiones-, mi hija “era peor” que yo, y estaba en el ojo de su huracán violento. (Lo que finalmente, a mí me enorgullece de mi hija: que sea de las peores, de las que no se doblegan y de las que se rebelan).

Fueron tiempos en que yo estuve amarilla de furia. Y es que yo imagino que las furias, esas mujeres depositarias de la venganza ante hechos deleznables, deben haber sido enteras amarillas, pues sus hígados no pueden haber tolerado tanta ira. A mí, la ira de la humillación, de la vivencia de violencia, de la culpa de haber llevado a mi hija hasta allá, me embargaba. Fue un síndrome hepático autoinmune que se tomó mi cuerpo explícitamente. Podía morir y no tenía fuerzas.

En lo personal, la Asamblea feminista comunitaria de La Paz no sólo toleró la violencia machista que vivimos mi hija y yo, si no que la socapó (una palabra que aprendí concretamente en Bolivia). Entre otros hitos, la última vez que les vi a varias feministas comunitarias juntas, fue el día que fui a rendir cuentas y a entregar mi trabajo en un proyecto de Casa de Acogida que creo que no llegó a ser –aunque no lo sé realmente-.

Fue en el Café Carcajada: En reunión en una mesa, varias y yo, una de ellas increpandome no recuerdo qué… En otra mesa Julieta siendo calmada por otra comunitaria, pues al pasar por mi lado había dicho algún insulto. Debo confesar que no recuerdo exactamente qué dijo o hizo, pues parece que en mí era mayor la impresión de estar viviendo eso. Recuerdo que otra comunitaria me dijo con una actitud que me pareció de vergüenza entonces: “si quieres te vas no más Victoria…”. Yo, terca como soy, dije que no, que terminaría de rendir cuentas y sólo entonces me iría. Al salir, luego de entregar el respaldo de cada peso gastado en ese proyecto, y haber dicho que me iba y ya no quería nada con ellas ni de ellas… Una integrante me fue a dejar a la puerta y me dijo algo como: “Sí, es verdad, Julieta ha sido muy machista, mejor que te vayas”. A esas alturas, ni respondí.

Lo que viví dentro de ese lugar tan denso, me mantuvo confundida un buen tiempo: Habían sido 8 ó 10 feministas comunitarias participando silenciosas y cómplices del agravio y humillación a otra feminista que había sido, hasta ese momento, una compañera de ellas (yo).

En lo público, hubo avisos anteriores que no valoré ni sopesé, donde otra líder comunitaria fue testigo de una escena violenta de Julieta contra un taxista, en la que yo viví su violencia celotípica, ya que ella había visto algo mío con el taxista (¡!), y la otra líder del Feminismo Comunitario, no sólo se lo calló, sino que al parecer le habría dicho a Julieta que “estuviera tranquila, que ella no hablaría del hecho” (esto, según la propia Julieta me relató, días después, cuando la increpé por la escena). Imagino que la mirada de la otra líder feminista comunitaria es de esas “percepciones” que creen en la ”Violencia Cruzada”… (¿O tal vez ni eso, sólo compartir el Poder?).

Escuché varias veces improperios machistas y xenofóbicos y muy ofensivos políticamente para una mujer como yo, ex presa política de la Dictadura de Pinochet, feminista de clase, autónoma y antirracista desde antes siquiera de saber de la existencia de Julieta, ni de comunitaria alguna.
Hace casi tres décadas, con otra compañera (Beatriz) acá en este territorio de Walmapu, ya habíamos creado un periódico llamado “Puntada con Hilo” y hablábamos de “puntadas” y “tejidos”, de “Nuestra Historia”, “Política de Mujeres” y de que “las Mujeres somos la mitad del mundo”, etc.
En ese tiempo nos negaron e invisibilizaron otras feministas, de hecho ni nos nombran en los recuentos institucionales, ni en los alternativos tampoco, pero ella, Julieta Paredes, directamente, ni aparecía en mi mapa.

En la vida parejil, íntima, personal y pública, las actitudes dogmáticas de Julieta tiñeron sus agresiones contra mi hija y contra mí con lugares comunes que definen como “su enemigo” a toda la que no coincide con su percepción y expectativas.

Basaba su xenofobia racista en el color que ella le imprimía a nuestras apariencias, y también –más de una vez- en lo que decía nuestra tarjeta de identidad por nacionalidad. Aunque después se disculpaba y decía que “amaba a todos nuestros pueblos”, cosa que me costaba entender, pues no tengo patria –desde que recuerdo-, no tengo bandera, no me creo chilena, hablo de clase y territorio, y creo en la memoria y la historia íntima, individual y colectiva.

Junto con todo esto –y más-, lo más doloroso –en lo íntimo, personal y público- para mí fue la detención de mi hija luego de su participación política feminista y antirracista en la marcha que duró mes y medio desde el TIPNIS a La Paz. Una represión burda y cruel a ella y a otras por parte del Gobierno apoyado por el “Feminismo Comunitario”. Y las feministas comunitarias no se quedaron atrás en crueldades, al menos en nuestro caso, cuando –desesperada- les solicité explícitamente apoyo en cosas concretas como presentar unos documentos que aliviarían la causa, no dijeron que No, pero luego de decir que “sí, que ya, que tratarían”, ya no contestaron más sus teléfonos.

Luego de eso yo tampoco, nunca más, contesté sus llamadas ni mensajes electrónicos, partiendo por su líder. (Eso hasta hace un par de semanas que me llegaron las denuncias a mi correo electrónico).
La memoria e historia sería inmensamente larga, y así como han salido retazos en algunos de mis poemas, cuentos, artículos, talleres, alguna vez será completada, pero no esta vez.

Hay muchísimo más que decir, no soy la única que vivió esto, también está mi hija –es otra perspectiva, desde otra edad, otro cuerpo, otro lugar-. En lo que sí estamos de acuerdo ambas, mi hija y yo, es en que fue violencia la que nosotras vivenciamos en La Paz de parte de las feministas comunitarias, siendo nosotras –ambas- también feministas.

… Comprendí que eso no iba a cambiar y que se iba a repetir con otras, el día que oyó que yo la dejaría, entonces llegó a torturar a mi hija no dejándola estudiar, gritando, tomando, insultando... Llevé a mi hija a una pieza conmigo y nos encerramos mientras le pedía perdón por todo eso. Teníamos miedo y oíamos como quebraba los vidrios del primer piso y profería improperios… Los quebró todos. A los días pidió perdón. Siempre lo hacía. Esa vez le dije que sí por miedo a su venganza y comencé a planear en silencio nuestra huida… luego vino el montaje y todo lo dicho anteriormente.

Siempre me defendí, nos defendí, defendí a mi hija con palabras (que no me faltan). No soy buena, pura ni dulce. No violenté, sí discutí, debatí, estuve en desacuerdo, dije que NO. Le mostré que lo que hacía era violencia. Entonces “me lo merecía”. Es que “Yo miraba a sus amigos”, “Iba a volver a los hombres”… “la dejaba en vergüenza con las cosas que escribía”, “debía callarme mis opiniones porque no soy boliviana”, “le había quitado el grupo de Cochabamba –como el grupo era de ella-“… en fin...

Esta historia feminista antirracista tiene un aspecto sanador también. Las compañeras feministas de Cochabamba jamás me abandonaron, pese a no saber mucho de lo íntimo, pero sí conocerme, quererme y respetarme, y algo importante también: junto con ellas, casi cuatro años, hicimos feminismo autónomo contra la violencia machista en lo íntimo, personal y lo público. Estuvimos en la calle y pronunciándonos contra violencia machista y racista del Gobierno de Bolivia.
Gracias a esas compañeras y a dos compañeras de La Paz -no las nombraré para protegerlas-, obtuvimos los documentos que necesitaba mi hija como extranjera para que la liberaran y salimos de Bolivia. Antes, se me habían cerrado todas las puertas laborales. De las compañeras de Cochabamba recibí dinero para el médico, para comer y pagar cuentas los últimos días que estuvimos obligadas a habitar la casa de Julieta. (Suerte que ella ya no estaba. Se había ido, yo lo agradecía, aunque sólo mucho después me enteré por qué. Se había ido porque ya desde antes de terminar nuestra relación – y agradezco a quien corresponda- se la había llevado una nueva vida parejil, como es su ideal de vida. 

También me enteré hace poco que mis libros queridos llegaron de vuelta a mi casa gracias a una compañera del Feminismo Comunitario que los llevó a Arica).

Mi madre, siempre con nosotras, nos pagó los pasajes de vuelta a casa. Mis compañeras históricas feministas autónomas de memoria feminista, de kallejeras, y mis lamngen de santiago y walmapu, nos recibieron y nos sanaron en lo concreto y en lo simbólico. Mi amigo Jano me reparó computadores. Con sus flores la Marcia Mashi, con sus imánes y la medicina alternativa la Erika, con la publicación de mis libros y fanzines la bella Nataly, con sus exámenes médicos y recomendaciones la Berna, con su amistad la Ceci, con su cariño la Shana, la Yoya. Actualmente varias más, compañeras que me buscaron y me invitaron a llevar adelante talleres y acciones desde que volví hasta hoy, aunque había –y hay por parte del “Feminismo Comunitario” y sus “tejidos”- serias restricciones para que se me invite a cualquier parte.

Es difícil hablar de lo sanador sin recurrir otra vez a lo enfermante: El desprestigio y el ostracismo, el silencio y la indiferencia en lugar del debate político, son prácticas políticas que siempre se aparean heterosexualmente con el masculinista matonaje y caudillismo, aunque surjan de mujeres. (Por ejemplo el “Primer Encuentro Lesbofeminista del Sur” en Concepción para el cual mi palabra fue omitida*... en Lo Hermida donde fue malquerida y malvenida –y cómo no!!!-, y en Temuco en un momento. Yo, acostumbrada a ser malquerida, lo sobrellevé, y apareció otro Lo Hermida, otro Concepción y otro Temuco… Así es todo, pasa agua bajo el puente, la gente cambia, observa y reflexiona. (Primero pregunte, le recomiendo, no tome partidos antes de tiempo, que los Partidos son masculinos siempre, aunque se vistan de mixtos y de feministos).

Debo decir, que siempre me hizo ruido cuando mujeres que misóginamente odiaban al feminismo y a las feministas -tal vez desde su propio dolor femenino-, solían decir cuando escuchaban a Julieta Paredes declamar su discurso: “Este feminismo sí me gusta, este sí, el otro no…!”. Parecía que el Feminismo radical, el feminismo materialista, es lesbofeminismo, el feminismo autónomo, el feminismo anarquista, históricos todos, con memoria, seguían encarnando en la comprensión del discurso comunitario de esas mujeres, un “feminismo malo”, mestizado políticamente, de brujas, locas, putas, lesbianas, bigotudas y peludas, poco femeninas, separatistas… y el otro en cambio, el presentado por Julieta era… ¿“el puro”?... 

Complejo porque muchas de esas mujeres no trepidaban luego, ya “empoderadas, en afirmarse desde las políticas de “Género, Equidad, Igualdad de Oportunidades, Empoderamiento, Derechos Reproductivos…” y toda esa ingeniería política generista neoliberal, colonial y colonizadora.

Todo cae por su propio peso. ¡Sabias era mi abuela y es mi madre que me enseñaron esto, y así aprendí a manejar mi impulsividad y frustraciones. Esperé tranquila. Era cuestión de tiempo.
En lo personal, decidí contarles hace unos años a lesbofeministas de Temuco y hace poco a lesbofeministas de Memoria Antirracista. También a un compañero y a algunas compañeras de trabajo, que son también compañeras políticas. Hace mucho lo había relatado íntimamente a mi amiga Marcia Mashi y a mi amiga Cecilia, a la compañera Nataly y lo habíamos hablado como compañeras con Francia. Y por su puesto con Paola Melita.

Lo había denunciado políticamente en poemas, cuentos, artículos y talleres, desde otras perspectivas y desde hace años (siempre escuchó la que quiso escuchar).
Sería bueno hablar por fin, políticamente, de nosotras, oprimidas-opresoras, nada de pureza, todo de memoria; de nuestros narcisismos colectivos y sociales que distorsionan percepciones y producen dolor con discursos que pisotean las vivencias.

El mundo No nos debe todo, y no comienza ni termina en el ombligo de nuestras opresiones. Gracias a todas las diosas paganas, la Ideología no es Vivencia.

Lo personal es político, como siempre ha sido.

Agradezco a las feministas comunitarias antipatriarcales, el envío de los documentos de la ruptura del “Feminismo Comunitario” hace ya un tiempo, haberlo hecho público y habernos dado esta oportunidad de debate y reflexiones feministas.

Con mi hija sentimos su dolor pues lo vivimos antes que ustedes y no hace mucho me enteré que otras también lo habían vivido antes que nosotras. Y como me dice Nataly: “otras lo estarán viviendo con otras mujeres y hombres de sus movimientos políticos (Nada nuevo bajo el sol).

Victoria Aldunate, lesbiana feminista antirracista, escritora y terapeuta


* ( Sobre el “Primer Encuentro Lesbofeminista del Sur” en Concepción, mi palabra que -entiendo- es sólo una entre muchas, sí fue omitida. Desde mi perspectiva, fue una omisión política, aunque no en lo formal, ya que recibí correos informativos. Creo que es una conversación que podemos tener políticamente con las compañeras que lo organizaron en ese tiempo y que sería deseable ampliarla a una mirada sobre qué palabras omitimos, desde que convicciones, ideas, etc. El tema de esta de esta nota relato personal es otro y por ello, dejo hasta acá mi aclaración).

RUPTURA DEL “FEMINISMO COMUNITARIO”

Feministas comunitarias de Bolivia en Tiquipaya, Bolivia, abril 2010, Cumbre Climática

COMUNICADO
¡NADA JUSTIFICA LA VIOLENCIA!
Enviado X feministas comunitarias antipatriarcales
El sistema patriarcal ha desarrollado muchas formas de accionar en nuestras organizaciones, el Feminismo Comunitario no ha sido la excepción, pues ha encontrado compañeras que se hacen cómplices del sistema encubriendo acciones violentas desarrolladas a la interna del Tejido Bolivia en contra de sus integrantes.

Tras un largo camino de búsqueda de reflexión sobre los hechos acontecidos en nuestro territorio, sin encontrar respuesta ni posicionamiento interno, en responsabilidad, en comunidad y en consecuencia con nuestras luchas, hacemos este comunicado público de ruptura con la Orgánica del feminismo comunitario, seguras de que el silencio solo alimenta la impunidad y con la esperanza de que el feminismo sea un territorio donde construir en confianza y libres de violencia. Hacemos públicas las razones de nuestra ruptura, buscando aportar a la reflexión dentro de los feminismos, lesbofeminismos, organizaciones de mujeres y organizaciones sociales en general.

· Rompemos denunciando la violencia física, psicológica y política que Julieta Paredes ejerció sobre dos integrantes del Feminismo Comunitario en La Paz Bolivia.

· Denunciamos la violencia política, económica, sexual y feminicida que ejerció contra la compañera Adriana Guzmán (Vocera Ejecutiva Nacional del Feminismo Comunitario en Bolivia 2015-2016).

· Hicimos conocer estas denuncias a la Orgánica Internacional, en la cual Julieta Paredes reconoció su accionar justificándolo con argumentos que promueven la misoginia, la propiedad privada sobre los cuerpos y el control sexual enalteciendo las actitudes machistas, despolitizando las relaciones desde el amiguismo y la victimización. Planteamos hacer la denuncia legal y la orgánica nos pidió que dejemos de llamarnos feministas comunitarias por querer acudir a la justicia patriarcal, nos mandaron a callar. Como parte de la lucha que hacemos desde el feminismo, asumiendo que la violencia hacia las mujeres es estructural, decidimos no callar, no dar más espacio a la impunidad. Los o las violentas deben enfrentar la justicia.

· Denunciamos la violencia desde un posicionamiento político consecuente con la lucha feminista, con la propuesta de la comunidad y del vivir bien que planteamos. Buscamos reflexión, autocrítica y transformación. A cambio recibimos acoso y represión. Julieta Paredes cerró el programa ¡Despatriarcalización Ya! hecho por más de dos años por todas en una creación comunitaria construida lejos de la propiedad privada. Cerrar arbitrariamente el programa es traicionar las luchas de las mujeres en nuestro territorio y arrebatarnos una herramienta de profundización del proceso.

· Nuestra decisión de no callar y no defender “el buen nombre” del feminismo comunitario sobre nuestros cuerpos, tiene como consecuencia acoso político sistemático, difamación, calumnias y campañas de desprestigio hacia nosotras y hacia todas quienes han decidido posicionarse, en Bolivia y otros países. Nos encontramos ante una combinación de violencia e impunidad encubierta de la cual las feministas, en ética, no deberían hacerse cómplices.

· En Bolivia como mecanismo de presión para evitar la denuncia legal se llevan adelante acciones que entendemos como contra revolucionarias, porque tratan de convencer a nuestros compañeros y compañeras que sí existen razones para justificar la violencia. Esto atenta contra las luchas que hemos hecho para tener una Ley que garantice a las mujeres una vida libre de violencia, reconociendo que es estructural, que es parte del sistema patriarcal, que es un hecho público y no privado, que es político y no personal, que no son reacciones sino conductas, que no se pueden justificar los feminicidios por emoción violenta o los crímenes pasionales.

· Reconocemos en autocrítica que dentro del feminismo comunitario no profundizamos nuestras reflexiones sobre la violencia y esto nos dejó con pocas herramientas para enfrentarla, más aun viniendo de una “compañera”.

· A pesar del acoso, difamación y la sanción que pretenden hacernos en una clara muestra de complicidad machista y misógina, no dejaremos de nombrarnos feministas comunitarias pues hemos construido y alimentado la propuesta con nuestros cuerpos, con nuestros dolores y con nuestros sueños, desde la fuerza de un pueblo decidido a vivir con dignidad. Creemos que el territorio de lucha contra el patriarcado es el feminismo y reafirmamos desde la memoria larga de nuestras abuelas que la propuesta política de mundo que abrazamos es la comunidad. Sin embargo estamos convencidas que hoy existen feministas comunitarias contrarrevolucionarias que despolitizan las luchas que han costado parir, es por esto que a partir de ahora nos nombramos como feministas comunitarias antipatriarcales, pues no entendemos la lucha contra el patriarcado si no se lucha contra la violencia estructural hacia las mujeres, por ser esta su herramienta de legitimación e imposición del poder patriarcal, capitalista y colonial sustentado especialmente en nuestros cuerpos.

· Asumimos esta denuncia pública como un desafío para el feminismo, como una convocatoria a profundizar la reflexión sobre las violencias que se reproducen en nuestras prácticas, como una necesidad urgente de ser consecuentes con nuestros discursos, no se puede callar ni encubrir a nadie aunque se trate de una de las llamadas “vacas sagradas”.
· Creemos que el sistema opera robándonos la esperanza de que otro mundo es posible, robándonos la fuerza de la construcción popular, colectiva y comunitaria, dejándonos como única opción la organización con lógicas caudillistas y casi sectarias, teóricas y dogmáticas. Eso enfrentó el feminismo comunitario y eso riesgo se enfrentan hoy en los procesos de transformación en Abya Yala, procesos que tienen que reposicionarse frente al patriarcado para ser realmente revolucionarios.

· Convocamos a las compañeras y compañeros de lucha, a las organizaciones sociales del proceso de cambio en Bolivia, con el cual reafirmamos nuestro compromiso, a las feministas, a las organizaciones de pueblos hermanos, a asumir una posición política no respecto de las personas, sino frente a las relaciones de poder y a la violencia contra las mujeres que no importa de quién venga será siempre patriarcal. Es urgente que al interno de nuestras organizaciones no se encubra, no se reproduzcan lógicas familistas, moralistas que nos piden callar para cuidar la imagen. Al interno se necesita responsabilidad política, decisión y no complicidad. Denunciar y poner en el debate público las miserias que existen en nuestras organizaciones, es un acto honesto para seguir haciendo camino.
Nosotras mujeres indígenas, aymaras, quechuas, creadoras y criadoras de vida, lesbianas, migrantes, feministas comunitarias hoy antipatriarcales reafirmamos nuestra posición. 

¡NADA JUSTIFICA LA VIOLENCIA!

Por un feminismo útil para la lucha de nuestros pueblos!
Por un feminismo capaz de cuestionarse
Adriana Guzmán Jimena Tejerina Diana Vargas


CARTA DE FEMINISTA COMUNITARIA ANTIPATRIARCAL SOBRE LA VIOLENCIA VIVIDA DE PARTE DEL “FEMINISMO COMUNITARIO”

Rayado del "Feminismo Comunitario" en La Paz, año 2009 (Foto: victoria aldunate)



PRONUNCIAMIENTO
Enviado y autorizada para publicación x Adriana Guzmán
A quienes firman y se dijeron compañeras y hermanas

Desde Bolivia construimos la propuesta de un feminismo que plantea la comunidad y la comunidad de comunidades como proyecto político de mundo frente a un sistema patriarcal capitalista colonialista y racista. La propuesta fue parida en medio de un proceso de cambio en el que creemos y al que aportamos, por eso, por responsabilidad política con la propuesta y con el proceso que vive nuestro pueblo, a pesar de los dolores y decepciones que causa su comunicado y la forma como ha sido utilizado, respondo en respeto a los momentos y sueños compartidos, los que lastimosamente han sido insuficientes para actuar en consecuencia. No construimos lo suficiente y no podemos seguir llamándonos compañeras y menos hermanas, habitamos la lucha de manera distinta, unas al lado del poder y otras en contra de las relaciones de poder y dominación.

Comparto mi posición y las reflexiones construidas desde mi cuerpo.

No hay destrucción, lo que hubo es una construcción insuficiente
Después de muchos años de lucha, como Tejido Bolivia asumimos un proceso de descentramiento porque reconocíamos el caudillismo de Julieta Paredes que nos estaba consumiendo y que dejaba la puerta abierta para que se reciclen prácticas jerárquicas, soberbias y violentas. Todo encubierto en que era compañera, feminista, y tenía más de 20 años de lucha, es decir, siempre le salíamos debiendo. A pesar de eso y con la esperanza de autocriticarnos y cambiar entre compañeras apostamos por la construcción de una orgánica, un movimiento internacional que recogiendo y alimentando las luchas en distintos territorios nos abrazara como hermanas de un mismo pueblo, el oprimido.

La Orgánica en Bolivia fue pensada también como metodología que fortaleciendo a todas en sus acciones y discursos, en sus procesos personales y públicos, hiciera circular el poder para construir la comunidad. Entendimos y asumimos el Feminismo Comunitario como un Movimiento Orgánico, como un cuerpo, uno en el que cada partecita es importante y vital.

La construcción de la orgánica significó debates internos pues otra vez se repetían las prácticas de Julieta que designa a quienes son o no son representantes, quienes están o no en el movimiento, cuidando siempre de ser ella la voz oficial. Eso fue cuestionado, nos posicionamos y comenzó el ataque a quienes decidimos hacerlo. Lastimosamente no construimos una orgánica capaz de enfrentar el poder ni la manipulación, no logramos profundizar nuestra reflexión sobre la violencia, y haciendo autocrítica, no tuvimos herramientas ni siquiera para reconocerla. Sin embrago el Tejido Bolivia se posicionó, pidió ayuda desesperada a la orgánica, a las hermanas mayores y a cambio fuimos cuestionadas.

No destruimos nada, como dicen ustedes en su comunicado, construimos poco y sobre bases débiles. Mis compañeras me pidieron que resistiera en la vocería para no ceder a las imposiciones y manipulaciones de Julieta, así lo hice hasta que decidimos por mi salud y por cuidado del movimiento acortar mi mandato. Finalmente dos compañeras se fueron porque no existía en Julieta la voluntad para reflexionar ni reconocer sus actos lejos de la justificación y Jimena y yo decidimos quedarnos esperando la Asamblea de Asambleas creyendo que juntas podríamos acompañar una reflexión pero no lo logramos. El Feminismo Comunitario dejó de existir en Bolivia, las que construimos por años, las que pusimos nuestra vida ya no estamos, y no fue una ruptura por un conflicto de pareja, fue una ruptura por posicionarnos desde la vida frente a la violencia que busca la muerte.

Nosotras también nos hicimos cómplices de las sistemáticas rupturas provocadas por Julieta con otras compañeras, no escuchamos las denuncias de acoso sexual, violencia, hechas por organizaciones de lesbianas en La Paz, por Mujeres Creando, por la Asamblea Feminista de Cochabamba, hechas por Lorena Cabnal de Guatemala, Genoveva de Argentina, Victoria Aldunate de Chile, creímos y defendimos a nuestra “líder” que desvirtuó estas denuncias diciendo que ellas eran las violentas, lesbofóbicas, racistas, colonialistas, envidiosas, plagiadoras de su pensamiento.

Un escenario en el que el mundo complotaba contra ella y nosotras teníamos, desde la feminización, que salvarla y defenderla. En todos los casos se victimizó y dijo que ella solamente amó y confió sin medida. Solo las manipuladoras presentan un complot mundial contra ellas. Y eso es Julieta Paredes una hábil manipuladora que usa esos mismos argumentos hoy contra nosotras.

Desde esos elementos y hoy con su complicidad, Julieta ha convocado a otras compañeras, que desinformadas y sin herramientas para enfrentar la manipulación y el machismo deciden seguir su juego y construir una organización sobre nuestro trabajo, sobre nuestros aportes, apostando a un proyecto colectivo que será nuevamente un proyecto personal. Eso traiciona todos los principios que supuestamente se ha planteado el feminismo comunitario. Con dolor hemos aprendido que NO SE CONSTRUYE SOBRE EL DOLOR DE OTRAS MUJERES, no se puede construir desde la complicidad, lo sabemos.

Lo personal es político
Desde el 2003, después de la masacre del gas, con la claridad de que luchar contra el neoliberalismo no era suficiente para las mujeres, y que a eso el feminismo le llamaba patriarcado, fui parte de la construcción de la Asamblea Feminista y del Feminismo Comunitario. El 2013 iniciamos una relación de pareja con Julieta que tenía también un sentido político, alimentar a la organización, hacer comunidad e inventar la crianza comunitaria, haciendo política desde el cuerpo, nuestro cuerpo de feministas comunitarias. Las relaciones de poder se reproducen también en lo privado y en lo íntimo y por eso terminé la relación en marzo del 2015 y decidí seguir construyendo como compañera de lucha, decidí tratar de reconstruir una comunidad que se había convertido más bien en una familia. Eso me permitió aportar con mayor claridad a la organización.

El 2016 a casi un año de no ser pareja Julieta en un claro ejercicio de violencia que permanentemente denunciamos como feministas, jaqueó a mi correo personal, Facebook y wasap. Encontró mensajes privados e íntimos de mi relación y los utilizó para empezar una tortura sistemática que buscaba como ella misma lo dijo acabar conmigo, con mi existencia, con mi palabra y con mi vida. Empecé otra relación cuatro meses antes de terminar con Julieta y no se lo dije por miedo, miedo a toda la reacción violenta que desencadenó aún un año después de no ser pareja. Miedo a que destruyera la organización, miedo a que manipulara a mis compañeras como lo había hecho en sus anteriores rupturas, miedo a que atentara contra mi vida como lo hizo. Una tiene miedo, aún siendo feminista, cuando vive en relaciones de poder porque es ahí donde se puede dar el sometimiento y la violencia, yo tenía miedo porque conocía de lo Julieta es capaz escudada en el alcohol, encubierta en el “amor” y protegida por las complicidades que un mundo patriarcal y machista genera.

Me quedé en el espacio que mal llamábamos “comunidad” porque tenía una pequeña esperanza de enfrentar todo políticamente, reflexionar y aprender. Yo no venía del feminismo ni me había definido antes como lesbiana y acepté toda la culpa que Julieta depositó en mi, todas sus imposiciones que supuestamente eran para sanar. Acepté que mi intimidad se discutiera en asambleas, acepté que los mensajes se hicieran públicos, que Julieta se los entregara a Diana que además de ser compañera de la organización es mi hija, acepté que en la comunidad se me sancionara en las muchas formas que ella propuso. Debo decir también que me quedé y acepté muchas cosas porque como les pasa a muchas mujeres no tenía donde ir, no tenía un espacio para vivir con Diana y Julia, hasta que lo encontré.

Fueron meses de tortura inimaginable, noche enteras en las que Julieta me leía los mensajes para que explicara cada una de las palabras, abriéndome los ojos con sus propias manos, haciéndome escuchar audios, se metió en mi intimidad y en mi sexualidad para consolidar la culpa, no la culpa de haberme enamorado de otra persona, sino la culpa de haberla dejado de querer, porque no se puede querer a quien te agrede, te maltrata, te usa y te violenta permanentemente. El 17 de marzo la violencia se profundizó, nuevamente con mensajes en la mano me cuestionó, me golpeó y destruyó el espacio en el que vivíamos. Pedí ayuda a las compañeras, llegó Jimena, nos golpeó a las dos, hecho 40 litros de alcohol por toda la casa, abrió las válvulas del gas y prendió fuego. Eso es un intento de feminicidio, no tiene otro nombre. En medio de todo eso yo fui al cuarto de Julia para sacar sus cuadernos para que no se quemaran, ahí apareció Julieta y me atacó sexualmente diciendo que me haría lo que me gustaba según los mensajes que había encontrado. Jamás lo dije por vergüenza, porque asumí la culpa que ella me asignó. Jimena apagó el fuego cerró el gas y escapamos para salvar la vida. Los vecinos habían llamado a la policía pero nosotras optamos por cuidar la imagen de Julieta y lo que supuestamente ella representa en Bolivia y dijimos que nada pasaba.

Esa no fue la única vez que intentó quemar la casa conmigo dentro, dos veces más tuvimos que salir huyendo con Diana y Julia, incluso por el techo. Haciendo uso de su manipulación Julieta planteó que los conflictos se resuelven en comunidad, dijo que haría terapia y volvimos a vivir en el mismo espacio. Planteo que yo que la había lastimado y que debía reparar ese dolor, la reparación para ella consistía en escucharla días enteros reclamando por los mensajes, por mis sentimientos, planteó una reparación sexual pues debía satisfacer sus deseos en tanto ella encontraba otra pareja. Soporté noches enteras de tortura amenazada con que iba a prender fuego o que iba a gritar y a despertar a Julia, me encerró varias veces y me presionó para que escribiera un email rompiendo mi relación, me obligó a decir que aún la quería.

Como ustedes saben ella escribió una carta en la que reconoce parcialmente su violencia y la justifica victimizándose, sí seguramente duele que te dejen que querer, pero ahí no asumo ninguna culpa no puedo querer a mi agresora que se esconde en un falso discurso feminista del que muchas se hacen cómplices. En esa carta ella pide perdón, como si de perdonar se tratara despolitizando lo hecho, y algunas de ustedes la perdonan por encima de mi cuerpo, del cuerpo de mis compañeras y del cuerpo de las wawas que habían compartido nuestros sueños. YO NO TE PERDONO JULIETA PAREDES, no somos parte de una iglesia para pedir perdón, trataste de matarme y tienes que enfrentar a la justicia.

Todo esto se los conté en la tan esperada Asamblea de Asambleas a todas ustedes, pues aunque todas decidieron que no se hablara del tema se habló y yo frente a mi agresora con mucha dificultad para hablar y presionada porque varias que ya me habían dicho que mi denuncia era muy grave, me desdije y afirmé que Julieta no era una feminicida. De las 10 personas que estábamos ahí que escuchamos todo esto ninguna pudo posicionarse y reconocer que si le prendes fuego a tus compañeras estas intentando matarlas. Ahí opera el machismo y el miedo generalizado entre todas que fueron incapaces de reconocer la gravedad de la violencia. Solo recibí pronunciamientos de pasillo, casi a escondidas me dijeron que entendían, que sabían, que era grave, que Julieta estaba metida en el amor y odio, que me quería cerca pero que a la vez me atacaba. Eso debió decírsele a Julieta pero nadie tuvo el valor.

Como feminista comunitaria aporte a la construcción de la orgánica, una orgánica donde todas somos un cuerpo. Hoy estoy segura que no lo fuimos, un cuerpo se duele de lo que le pasa y ustedes a pesar de que pedimos ayuda, de haber leído la carta de Julieta, jamás se dolieron de mi dolor, nunca preguntaron cómo estaba yo, o Diana o Julia. Les informamos del acoso obsesivo que Julieta inició contra Diana y contra su camino como dirigenta universitaria, les informamos que a pesar de los acuerdos su acoso y violencia se mantenía en una persecución que nos llevó a vivir casi escondidas y nos enviaron su comunicado de sanción diciendo que se trataba de un conflicto entre partes, al igual que toda la institucionalidad que protege a los machistas cuando una mujer quiere denunciar.
Ni siquiera el hecho de que Patricia Ochoa se saliera del movimiento, siendo una hermana que se posiciona frente a la violencia, que tiene un largo camino de lucha y que fue parte del consejo de hermanas mayores para acompañar a Bolivia, les hizo sentido para reflexionar, como muestra del control que ejerce Julieta nadie, nadie dijo públicamente nada a Patricia ante su retiro para evitar seguro las represiones.

Tal vez si se hubiera tratado de sus compañeras, tal vez si hubiera atentado contra alguien de México o Chile, o si hubiera afectado a las wawitas de otros territorios, que igual que Julia creen y le cantan a la comunidad, la historia hubiera sido distinta, tal vez. O posiblemente hubieran actuado igual doliéndose únicamente por Julieta, cuidándola, eso solo da cuenta de las relaciones de poder en las que todas terminamos metidas y da cuenta de que es mentira, el feminismo comunitario no se posiciona desde la vida.

El uso de su comunicado
El comunicado que enviaron en enero, donde solapadamente nos castigan por querer denunciar a Julieta ante la justicia y nos piden que no nos llamemos feministas comunitarias, es la prueba más clara de su falta de posicionamiento. Nos piden a Jimena, a mí y a Julieta que no “nos nombremos desde el feminismo comunitario” y a la vez organizan giras por distintos países para llevar la palabra de Julieta Paredes, feminista comunitaria, eso supera la complicidad, refleja un seguimiento ciego a la caudilla.

Me cuesta creer que todas las que firman hayan estado informadas de todo, que se hayan hecho informes de la Asamblea de Asambleas en cada territorio, creo que se hizo un pacto de silencio para no decir lo que pasó, pacto que encubre la violencia de Julieta y en el que se recicla una lógica familista y moralista de “cuidar la imagen del feminismo comunitario”, como ustedes mismas dicen.
Su comunicado fue utilizado por Julieta para exigir que nos saquen de espacios donde hemos luchado hace años, ha servido para que cierre el programa de televisión ¡Despatriarcalización Ya! que era una herramienta para profundizar el proceso de cambio desde las mujeres. Ha servido para que nos robe todos los ahorros de la organización, sacando el dinero del banco que manteníamos en una cuenta conjunta pensando que algo de ética tenía.

Organizamos la Asamblea de Asambleas prestándonos dinero y se los informamos porque no nos habían pagado aún la publicidad del programa, con esas deudas hemos quedado por creer que éramos un cuerpo.

Con su comunicado, en el que nosotras ya no somos feministas comunitarias Julieta ha cerrado un proyecto en el que trabajábamos las tres, eso aquí en Bolivia se llama acoso laboral. No hay ningún conflicto de intereses, las acciones de Julieta son de acoso y violencia que apuntan al exterminio, porque nosotras somos testigos vivas de sus acciones y porque nos hemos atrevido a decirlo.
Su comunicado no es político pues habla de que no tenemos voluntad para superar la crisis, y acá no hubo crisis hubo intento de feminicidio ¿Cómo supuestamente se supera eso?

Nos dicen que será la última vez que dedicarán tiempo y energía al “conflicto”, pero no dicen que usarán ese tiempo y energía para abrir espacios a quien ha sido violenta, y esperamos no usen ese tiempo y energía para funarnos, como se hizo con Lorena, Victoria, Francesca, por mandato de Julieta.

Por todas esas razones es que hago una ruptura política con el Movimiento Orgánico de Feminismo Comunitario, por la falta de reflexión, posicionamiento y por la complicidad con la violencia.
No pueden ustedes pedirme que deje de nombrarme feminista comunitaria, aporte a la construcción del movimiento con mi cuerpo y casi me cuesta la vida. Creo que el feminismo es el espacio de lucha, creo en la comunidad como alternativa de vida frente al patriarcado capitalista individualista y colonial y me nombro feminista comunitaria hoy antipatriarcal porque mi lucha sí es contra el patriarcado.

Con su comunicado y protegida por la impunidad que le ha otorgado la organización, Julieta persiste en el acoso, la violencia política, la difamación y la persecución. Eso también atenta contra la vida, contra mi vida, contra la vida de la compañera Jimena, contra el camino de todas quienes se han posicionado sabiendo quién es Julieta. De ese atentado que permanece están ustedes informadas.
Adriana Amparo Guzmán Arroyo



[1] Hace referencia al “Comunicado del Movimiento Orgánico de Feminismo Comunitario de Abya Yala, Tejido México, Tejido Chile, Tejido Migrante”, incluidas ahí feministas comunitarias de Chile, México y Suecia, del 17 de enero de 2017 firmado por Erika Enriquez Espinosa (Tejido Ciudad de México, según se nombran), Ericka Espinosa, María Matias, Tranquilina Luisa Guzmán, Zarel León, Mariana Godoy (Tejido Guerrero, según se nombran), Itandehui Santiago, Esther Cruz, Silvia Hernández, Edna Velazco, Lucila Sosa, Marisol (Tejido Oaxaca, según se nombran) , Carmen Gloria Marchant , María José Carrasco, Roxana Peso Delgado, Virginia Toro, Leyla Labrin, Janis Quinchavil , (Tejido Chile, según se nombran), Carolina Pinilla , América (Tejido Migrante, según se nombran).

COMUNICADO AL QUE HACE REFERENCIA EN SU CARTA LA AUTORA:
Chile, México, Suecia 17 de enero de 2017
Comunicado del Movimiento Orgánico de Feminismo Comunitario de Abya Yala, Tejido México, Tejido Chile, Tejido Migrante
Hermanas – compañeras de La Paz, Bolivia.

Saber nuevamente de la situación de la crisis en el territorio de Bolivia, con todo y las implicaciones que ha tenido hasta estos momentos, nos hace una herida honda como compañeras y hermanas, insistir en querer ser orgánicas, en apegarnos a los principios del feminismo comunitario, a la raíz del planteamiento de ser movimiento y ser útiles para las luchas de nuestro pueblos en la región y el mundo, se ha convertido en un discurso rebasado por la realidad, eso nos hiere profundamente.
Creemos que, como feministas comunitarias hemos dejado de ser útiles para la resolución del conflicto con nuestras hermanas en los tejidos en Bolivia, ya que ustedes (Adriana, Jimena, Julieta) no tienen voluntad de superar la crisis, mas al contrario quieren llevarla a sus últimas consecuencias, quieren destruirse, desde sus acciones promueven la muerte de sus tejidos, la desesperanza y el desprestigio a las organizaciones de las mujeres que estamos luchando y no solo al feminismo comunitario.

Como movimiento Orgánico será la última vez que dediquemos tiempo y energía al asunto, aclaramos que no estamos rompiendo con el movimiento, aclaramos que no estamos desesperanzadas en que el feminismo comunitario es una propuesta útil para la luchas de las mujeres y nuestros pueblos, aclaramos que no estamos en contra de las compañeras que se nombran feministas comunitarias y que no estamos planteando una ruptura con ellas en Bolivia. Aclaramos que estamos en contra de que se nombren feministas comunitarias frente a otras organizaciones desde el conflicto – la traición y la violencia política- , que hoy se tiene entre las integrantes en el territorio porque desde el conflicto no aportamos a las luchas de los pueblos, no somos útiles, no tenemos nada en que contribuir, porque como bien lo dicen en uno de sus informes, no tenemos capacidad política - emocional de sostenernos con las organizaciones de nuestro pueblo, y siendo así, no tenemos nada que hacer ahí, en sus espacios. Como medida para cuidarlas - cuidarnos y como reparación del daño al movimiento en general, las compañeras que son de La Paz Bolivia deberán dejar de nombrarse desde el movimiento del feminismo comunitario porque simplemente han dejado de ser orgánicas.
Al tomar la decisión No orgánica de llevar el asunto a un espacio público como lo ha sido en la CONALCAM, de hacer denuncias por redes sociales (facebook), de recurrir a las instancias patriarcales de justicia, de pasar por encima de la palabra del consejo de hermanas mayores, de los acuerdos de la asamblea de asambleas, consideramos que se ha utilizado al movimiento del feminismo comunitario como el ente desestabilizador de los espacios que se coordinan para aportar a las luchas de nuestro pueblo que también es Bolivia y desde ahí hemos abandonado nuestra razón de ser. Vemos con tristeza que con esas acciones han dejado de creer en lo que nos hemos propuesto a construir - la comunidad- han dejado de sentirse comunidad y son ustedes mismas quienes de facto están renunciado al proyecto que nos hemos planteado en su conjunto, de lo cual solo podemos sentirnos tristes y traicionadas políticamente.

Como movimiento orgánico nos vemos en el reto de seguir construyendo para poder nombrar en su conjunto al sistema de las opresiones y no hacernos parte de su juego, para no quedarnos atrapadas en la posición de victimas y victimarias, sino para tener una posición política frente a un sistema de opresiones y no a una relación de conflicto de interés entre las partes como ahora lo vemos claramente.

En ese sentido, así como fuimos convocadas en un primer momento por ustedes y nosotras las hemos escuchado con humildad porque la lucha de su pueblo, la propuesta de proceso de cambio en Bolivia nos hace sentido, les convocamos compañeras, hermanas a hacer un alto en su camino, a ser humildes, ha despojarse de los privilegios que les ha dado ser feministas comunitarias y que hoy se están disputando en su territorio, les convocamos a luchar hombro con hombro en las organizaciones y a aportar al proceso de cambio, a regresar a hacer camino, a mirarse con su pueblo.
Nosotras como compañeras les ofrecemos seguir acompañándolas en la construcción y desde la propuesta, pero no más desde la destrucción, no más porque para la destrucción se necesitan dos o tres… pero no una orgánica completa.

Las firmantes:
Tejido Ciudad de México
Erika Enriquez Espinosa

Tejido Guerrero
Ericka Espinosa
María Matias
Tranquilina
Luisa Guzmán
Zarel León
Mariana Godoy

Tejido Oaxaca
Itandehui Santiago
Esther Cruz
Silvia Hernández
Edna Velazco
Lucila Sosa
Marisol

Tejido Chile:
Carmen Gloria Marchant
María José Carrasco
Roxana Peso Delgado
Virginia Toro
Leyla Labrin
Janis Quinchavil

Tejido Migrante
Carolina Pinilla
América